, riendo.
pera afalguien. poco oyóse un crujir deramas; y un hombre apareció en el playa. a.
Era el que llegaba, un mocetón fornido, de tez morena, de rostro simpático yhasta bello, a pesar de la nariz. larga y corva, de la boca grande y card nosa y de la escasa barba negra que crecía sin cultivo, Vestla bombacha de dril blanco, muy almidonada, y calzaha alpargatas floreadas; no llevaba saco, ni blusa, ni chaleco: sólo una camisa. de color, reciénpuesta y tati almidonada como la bombacha. Iba con el som. brero en lamano, sujeto del barboque. jo, a manera de canasta, pues lo habia llenado de hermosos frutos de ñanga. piráél En la mano izquierda tenía un gran ramo de margaritas blancas.
Ya cerca de la jïven tendió torpemente el brazo, y niirándola con ter.
nura. Tomá, f1e dijo: y, le entregó el 173X110.
Ella lo cogió sonriendo, y oliéndolo. con fruición. iQué ricasi exclarnór gracias. Y después, mirando el ¿sombrero. Qué trais aiii preguntó; y sin darle tiempo para contestar, metió la mano traviesa. i Pitangasl di jo alborozada, y ton16 un puñado que llevó a la boca.
Mascando las frutas, menudas y a iQtiéulindas soni d eciazrdónde las ajuntastes. a i.
e e Repertarzïa Ámerzcano El mocetón, con el labio péndulo y la mirada embobada de los enamorados tímidos, la contemplaba embelesado, sin atinar a pronunciar palabra. Tenía la cabeza inclinada sobre el lado derecho, y las hebras del negro cabello lacio, mojado en el baño reciente. recaían formando banda sobre el bom, bro derecho, que casi se ocultaba. No me das esa flofl dijo de prou to. refiriéndose a la de ceibo que la niña habia dejado en el suelo; e hizo ademán de cogerla. r ¡Esa no. contestó con viveza,¡es muy ordinariaflm Tomá éstaugy le ofreció un clavel blanco que lle vaba en el pelo. El la tomó con ternura; y la puso en la boca, suspirando y abrazándola con la mirada. De verdá, Clota, me querésF e mnrmuró. Ella 1o miró un momento, seria, pensativa, dando a su linda cara morena un aspecto severo. y al ver el aire triste del mozo, el dolor quese pintaba en su semblante, lanzó una carcajada fresca y sonora, que llenó el bosquecillo de ceibo. y le tiró al rostro los pétalos de la flor que habia recogido y deshojado. Qué cara de ternero enfermo tenésl le dijo; y siguió riendo, mien tras el gauchito, devorándola con los ojosy pasado el susto, reía también. rebosando de alegría. JAVIER DE ÜIANA.
ti, COMOICSEENTENJJIAN. y o a LOSPADRESDE LA GRAN COLOMBIA. gi, ï;ïziïïiiïfáïaiï? a a NA yez, en una de las tormentosas sesiones de la Constituyente de 1821, reunida en la Villa del Rosario de Cúcuta, el Diputado Doctor Vicente Azuero, montado en cólera, lanzó un raudal de improperios fulminantes.
contra sus honorables colegas dela Cámara, entre ellos, al Doctor Miguel Peña, quien contestó con dignidad y gallardía las palabras ofensivas del Diputado jupiteriano. Pasada la. tormenta parlamentaria, muy propia de aquellos dias iniciales de la República, la razón julguró en el criterio del Doctor Azuero, y el corazón de éste, noble y grande, generoso ybueno, como eran los corazones de aquellos hombres ilustres, dictó la siguiente carta, dirigida a uno de los constituyentes más heridos de sus palabras arde rosas: Señor don ¡Vigila! Peña. «Mi ofendido amigo: no tengo esnpresiones con que ésplicar a Ud. toda A don ¡Laureano Valieuíllcz Lions. e mi confusión y vergüenza. Ud. ha ¡tenido justísimos motivos para indig Inarse y para aborrecerme. Yo no ha bla recibido de Ud. sino los más cia¡ros testimonios de estimación y, de gnamistad. Mi acaloramiento de la otra noche. de ninguna manera tuvo Ud. por obijeto, sino a losotros preopinantes. Pero yo me excedi siempre, y mi imlprudencia, mi atolondramiento y ne cedad no tienen disculpa; Deseaba ndar una satisfacción pública, tantoa Ud. como al Congreso: si se me pre ¡senta una ocasión favorable, en que. no parezca puerilidad, lo yerificaré. porque me parece que el mejor modo. de reparar un error es confesar1o, y. que no es debilidad hacer esfuerzos. sobre las pasiones. para corregirlas y dominadas. y «Por lo (fue hace a Ud, particulan. mente, estoy cierto de su generosidad. no dudo que olvidará. para siempre N; ïmi falta. Pero nunca. nunca se bo rrarán en mi corazón la vergüenza y ¡el arrepentimiento. Es muy feo ofen.
nder a un amigo aun equivocadamente. Dígnese Ud. aceptar esta peque. ña satisfacción, de quien se protesta Fsuïzerdadero y eterno amigogr DAzUERon. Al leeresta carta nos queda una li grata impresión en el alma. Yo no sé cuál de los dos Diputados sale más favorecido: si el Doctor Peña recibiendo aquella magna satisfacción, o el ilustre Doctor Azueryo, que se la dí rigió, así, libre, amplia, noble, como se estila entre grandes caballeros. eso fueron los Padres de la Patria, los grandes Caballeros de la Libertad. CL Historia conservará esta misiva, reluc ente como un honor para Miguel Peña. y como una gloria para Vicente Azuero.
ANDRÉS PACHECO MIRANDA Con los Autores y Editores e. a. 155 obras señaladas en esta sección pueden pedirse o encargarse a la Administración del Rzpearoaro. en donde han, brá un esmerada servicio de Libreria americana. española, Irancesa, italianac inglesa. a i De don Pedro Henriquez Ureña, Profesor de la Universidad de Minnesota, al señor e ¿Ha leído usted ¡e Education of Henry Ar ams, libro autobiográfico publicado en 1918, o reimpreso mejor dicho? Es probablecrito en este país en 1o que va de siglo.
Ïero lo. que yo deseo de usted, lo que. mente el libro más importante que se ha »es. ahora vengo a pedirle es un libro suyo para. darlo en la (Biblioteca Andrés Bellos. Un libro de cuentos, una novela seria magní y fico. commusted, además, es hombre de gusto tan seguro y como conoce tau biena los literatos de América, le ruego me indique nombres y libros centroamericanos que pueda yo publicar. Me gustaría un libro de IiIasferrer. Las Niñerias que usted publicó son preciosisimas. No habría lo suficiente is para un libro de Andrés Bella? De Roberto y Brenes Mesén algo podria dar. (lesde luego. voy a suplicarle a usted que le escriba en mi nombre pidiéndole que me envie su autorización para yo editar su hermosa versión de El Pájaro zlzul. No se le olvide.
Mire que esto me interesa; y que el no lo eche en saco roto. En fin, veo que no he sido y justo con los centroamericanos; que en mis colecïziones hay pocos de ellos y estoy dispuesto a reaccionar en sentido de justicia.
Lo malo es que, aunque conozca los autores buenos, no sé donde, vivenpñlejor será, si usted quiere darse la pena, que me, mande usted o me haga mandar una docena de los mejores libros de escritores de Centro América, sin exclusión de pais alguno. Sería un servicio inmenso. cuanto libro libro tendrá usted ahí que no utilice! Pero, lo primero, que venga la obra de usted.
De don José Pedrdsegundog Profe Este documento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium de Ia Universidad Nacidnal, Costa Rica