. o Medellín, zs de junio de 19h19.
Señor don Horacio Botero Isaza. I. n y Pa l. y Distinguidoseñor y amigo: Le estoy muy reconocido por. el obsequio de su estudio relativo a José Asunción Silva, y por la defey rente dedicatoria con que viene. nas; juicio de Ud. de que participó alcanza la rectificación. señor y amigo, que el clarividente comenzar el mes de marzo de 1894. domero Sanín Cano, pero había Usted ha ¿escrito con elcorazómy é1 cerebro, y las letras. patrias deben agradecer su esfuerzo generoso. Como no es baladínada de lo que se relacione con el egregio poeta, deseo noticiario de algunas reminis y e cencias personales; alguna de ellas contiene una completa rectificación a un juicio suyo, proferida seguramente por no conocerciertos pormenores de. lugar, tiempo y perso Unamuno, por locual a él también Refiriéndose ala poesía. de. Silva titulada «Respuesta de la Tierras, dice Ud. Guillermo Valencia, cuya autoridad acato, pero con quien no estoyen este particdlar acorde, ha dicho que el poeta de que habla Silva en estos versos no es él mismo, locual a mi parecer no es a acertado. Lo segundo me hace pensar, entre otras cosas, que el clarívidente payanés no entendió e1 poema,. o que para é! es risible y cómico hasta el drama más emocionante y desgarradornr Pues ha de saber Úd. estimado payanés reinos.
Hice mi primer viaje a Bogotá al tiene, razón. Luego lo veYo no conocía personalmente a Balsostenido con él una correspondencia literaria, en que el Maestro me iniciaba en el culto de que él ha sido Pontífice; acabado de llegar, el. de aquel marzo recibí un telegrama de Sanín Cano fechado en Chapinero, en que me decia: Tendrá Ud. la amabilidad de comer conmigo mañana, en el Club Calle Real, a las seis. Estará José Silva. Puedo dar a Ud. estos detalles por e que conservo el telegrama. ¿Que si yo, oscuro provinciano, iría a conocer al padre de la crítica y al. portalira CoIOmbÍanoSP Claro que iría. Leo con frecuencia, tratándose de Silva, que fué incomprendido y despreciado por sus contemporáneos. No sé en qué se funda ese juicioi de lo que S1 puedo responder es de que los, que en provincia nos interesábamos en ese tiempo por las cosas literarias, teníamos verdadera veneración, para no decir adoración, por Silva, y mezclabamos su nombre con los de Darío, Verlaine, y Anunzio que empeza ban a tener inmensa boga; y que entre los cultores deila literatura a quienes traté en Bogotá en 1894, Gómez Restrepo, Holguín y Caro) Max Grillo, Tirado Macías, Soto Borda, Jorge Pombo, Alejandro Vega, Roberto SuáJosé Asunción Silva. rez. y muchos más, encontré igual, altísimo aprecio por el cantor del Nocturno. Imagínese, pues, con qué entusiasmo aceptaría la llamativa invitación.
El de marzo, a las seis de la tarde. una tardelimpia y de mucha luz íne desmonte del viejo tranvía, en Chapinero, en la oficina de Ia Gerencia donde trabajaba Sanín Cano. Avancé, positivamente emocionado, a la puerta de la oficina, donde me esperaban dos caballeros: robusto el uno, bajo de estatura, de ojillos mali. adelantó y con u. ciosos y de sonrisa inquietante; alto 3 SOBRE JOSÉ ASUNCIÓN SILVA, el otro, de. estatura mayor que la ordinaria, ligeramente encorvado de espaldas, muy blanco, barba y cabello negros, muy negros, yaquélla cerrada y ondulosafojos grandes, redondos y singularmente expresivos, por donde entraba la vida y salía el alma: era un hombre hermoso con belleza que oscilaba entre griega y nazarena. y El pequeño, de mirada inquieta, se amable brevedad, preguntóz. Restrepo. Sí. y usted? a. e Sanín Cano. Nos abrazamoscomo tviejos amigos, y luego errtono amis toso presentó al efebo. Iosé Asunción.
Algo tembloroso, di la mano al egre gio poeta: y le dije. Uno de mis grandes anhelos al venir a Bogotá, era conocer a usted don Joeé Asunción.
Con la; actitud más familiar y de menos por; me colocó 1a mano en el hombro, y contestó. Oiga, Carlos. Asunción, sinañadijos.
Entré con los dos gMaestros a la oficina de Sanín Cano, en la que había un estante lleno de libros en idiomas conocidos y desconocidos.
Nos sentamos, y el crítico habló e con erudición y profundidad ¿le la literatura. escandinava. que estu diaba en esos días, y acabó haciendo ujiaioríginal apología de Maeterlmck, a quien admiraba clemodo especial. El poeta habló hermosamente de Verlainey de Llallarmé; yo soy Joséron en una disertación acerca del periodismo en Francia, llena de actualidad y deünterés. eso de las siete salimos a coRealn, que resultó ser una fonda u l1otelucho de pueblo, de «modesta apariencimidirigido por una honose comía muy bien y limpianïente. os dos grandes intelectuales Jo frecuentaban, por la excelencia de los manjares y por la apacibilidad del ambiente. El Club ocupaba una de las primeras casas del poblado, al entrar a «Chapinero perla calle del Tranvía cine como se sabe es la prolongación de la Calle Real de vBogotá: de aquí el pomposo nombre.
Pero antes de llegar, nos dijo Silva. Permítanme un momento; voy a reclamar un encargo. entró a un pequeño almacén, de los que llaman, de ropaza, habló con el dueño; y éste le entregó una ruana finísima. Ví que Silva pagó por ella ocho pesos; y como sabía que el bolsillo del poeta estaba muy escaso, y. Este documento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium de Ia Universidad Nacional, Costa Rica. y al fin, Crítico y Poeta se engolfaé mer en el precitado «Club de la Calle rable familia Cristancho, y donde