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M. N. Roy, “Un visitante misterioso”, Memoirs, Delhi, Ajanta, 1984 (orig. 1964), cap. 24.
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no sabía nada. El señor Brantwein se rio y dijo que en el primer encuentro sólo quería aliviar un poco su soledad. El calor del contacto humano, no obstante, era mucho más de lo que uno podía obtener en una sola velada. Pero como yo insistí, convino en decirme cómo me había descubierto, con la condición de que por el momento no preguntara más. Ya tendríamos tiempo para hablar. ¿Qué prisa había?
Se había visto obligado a desembarcar en un puerto norteamericano. Conocía el país y tenía muchos amigos ahí.
Pero no era seguro quedarse. México era la única alternativa. Ni sus amigos ni él conocían a nadie en México. Uno de sus amigos, un socialista prominente, le dio un consejo que a la larga resultó ser la clave para encontrarme. Su amigo le había dicho que muchos jóvenes radicales habían escapado a México; ya se pondría en contacto con ellos a su debido tiempo. Pero que tratara de mantenerse alejado de un hombre llamado Gale.
En su primer día en México, el señor Brantwein salió a comprar los periódicos; todos estaban en español salvo uno, que estaba en inglés y se llamaba Gale's Magazine. Compró varios ejemplares, y al examinarlos encontró por lo menos un artículo en cada número atacando a M. N. Roy; descrito como secretario general del Partido Socialista. El señor Brantwein sacó sus conclusiones: lo habían advertido contra un hombre llamado Gale; ahora ese tenebroso personaje estaba librando una campaña violenta contra otro hombre que era un prominente socialista. Este último, pues, era su hombre, al que debía contactar. ¿Pero cómo? Desconocedor de la política del país, pensó que podía ser peligroso ir a las oficinas del Partido Socialista: por sus asuntos, debía mantener una apariencia burguesa. La sección inglesa de El Heraldo le había dado una clave, y él la había seguido con éxito.